viernes, 8 de junio de 2018

Cuando los toros no embisten.


Cuando los toros no embisten.  11/06/1997

Del desastre ganadero se desaprovecharon toros de puerta grande

En el pobrísimo balance de la pasada feria de San Isidro, todos le echan la culpa del desastre al mal juego de los toros. La cantinela general es que con esa barbaridad de kilos no pueden embestir. Pero es mucho más cierto que la verdadera causa de esta feria nefasta es la ineptitud de los toreros. Nadie me puede señalar ni un solo caso en que la figura haya estado por encima de las malas condiciones del toro. En cambio es incontable la cantidad de faenas que se han perdido por la incompetencia o la torpeza del torero, incapaz de sacarle partido a las buenas cualidades del maltratado enemigo.

La feria se ha cerrado con un triunfador solitario: El joven luchador que supo echarle corazón y aplomo donde los demás dudaron. Luego hay dos o tres profesionales salidos del montón como Manolito Caballero, que han pasado con dignidad profesional ante toros con algunas dificultades. Lo demás es un páramo desolador. Ninguna de las figuras ha justificado el puesto que ocupa y la mayoría de los segundones que necesitaban el paso al frente no ha sido capaz de estar a la altura de la calidad de algunos toros que se fueron al desolladero sin recibir el trato que merecían. Se habla del toro de 'Los Bayones' que desaprovechó el frágil, 'Armillita', pero hay otros doce toros como ése que llegaron con las orejas en bandeja y no fueron capaces de cortárselas.

Vistas así las cosas, lo de José Tomás parece una hazaña en medio del desierto. Si los que se anunciaron en esta feria hubieran tenido un mínimo de sentido del toreo, la feria se hubiera saldado con media docena de matadores que debieron atravesar la Puerta Grande y otros seis que pudieron cortar orejas donde escucharon avisos, broncas o el peso del silencio. De acuerdo que las ganaderías están descastadas. Que hemos llegado al límite de la borreguez o de la mansedumbre descompuesta que hace imposible el lucimiento. Pero es de justicia reconocer que los toreros han 'embestido' mucho menos que los toros. La culpa de casi todas estas frustraciones son dos sinrazones cotidianamente repetidas con desesperante torpeza: La masacre de la suerte de varas, alevosamente ejecutada con la salida tapada, dándole a mansalva en un 'puyazo' interminable, y la ausencia de técnica de los toreros sin saber colocarse para citar, sin cruzarse y dando trallazos destemplados para echarlos fuera en vez de encelarlos y llevarlos sometidos. Y no hablemos ya de la incapacidad para irse detrás de la espada de la inmensa mayoría.

Citar desde lejos

Por exigencia de las figuras y sus explotadores, los ganaderos han destrozado las virtudes fundamentales del toro 'de lidia' para convertirlo en un producto estúpido, blandengue y soso que muchas veces degenera en un genio deslucido y cobardón: la búsqueda del borregote docilón, suave y distraidote (que es el sueño de las figuras) ha llevado al masivo fracaso de las ganaderías más codiciadas por las figuras. Y para colmo, tarde tras tarde las figuras y sus acólitos han caído en el grave pecado de quitarle la escasa movilidad que tenían dejándolos muertos en los caballos. Como dije al principio de este abominable serial, los únicos toros que podían sacar bravura, codicia y alegría, saltaron de las ganaderías malditas por las figuras. Y precisamente en esas corridas estaban los que con razón o sin ella, ocupan el pelotón de los segundones raras veces capacitados para sacarle partido a estos toros, a los que no se les puede engañar con el pico, el trallazo hacia afuera o la muleta retrasada donde es imposible llevarlos sometidos.

Cuando sale el toro del triunfo gordo, no vale el medio pase del borrego de la media arrancada. Da pena comprobar cómo se han perdido las virtudes básicas de la técnica del toreo. Sobre todo, darle distancia. En el toreo moderno, está prohibido darle distancia a los toros. Y cuando sale el bravo con la arrancada alegre ya no hay nadie capaz de citar desde lejos y verlo venir con la muleta adelantada, que es la única forma lógica de torear y de llegar al público. La razón del éxito de las dos últimas reapariciones gloriosas: 'Antoñete' y Manolo Vázquez, no pudo ser más simple: Recordarle al público la belleza y la emoción de citar desde lejos y traerlo toreando desde un metro antes de llegar al cuerpo. Ahora todo se hace encima del borrego topón, sin fuerzas ni recorrido. El muñecazo del medio pase fue la trampa inventada por 'Manolete' con el medio toro. Belmonte inventó el toreo de ofrecer el pecho con las zapatillas enfrente del testuz y hacer los tres tiempos vaciando la embestida en semicírculo. 'Manolete' inventó el destoreo de citar en corto y de perfil, suprimir los dos primeros tiempos y limitarse a vaciar la embestida a base de estar encima y al hilo del pitón.

Como esto de 'Manolete' ya está pasando de castaño a oscuro con el delirio de homenajes y conferencias sin que nadie se atreva a decir el daño que hizo a la fiesta con el utrero afeitado y el medio pase. Quiero aclarar de una vez que las innumerables referencias al cincuentenario que hacen los colaboradores en estas páginas, gozan de mi absoluta condena. He dicho mil veces que hasta que no llegue el 28 de agosto en que es de justicia dedicar un recuerdo al torero muerto, quede terminantemente prohibido participar en este carnaval de falsedades que está siendo la retahíla de homenajes. Los cronistas de ahora que comulgan con que el compendio de buen toreo es el repertorio sin muñeca y sin cintura de José Miguel Arroyo, no saben el daño que se le hace al público equivocando el buen toreo con la trampa del muletazo sin ligar.

Mucho aire

Todo esto que padecemos ahora lo inventó 'Manolete'. Repetir la misma faena al mismo medio toro afeitado y masacrado en varas para que llegue muy templado a la muleta y no necesite ni lidiarlo ni poder con él. Esa degeneración culmina en este José Miguel Arroyo que deslumbra a los ingenuos con esa variedad de quites superficiales levantando mucho aire pero sin llevarlos sometidos con las manos bajas y adelantando la pierna. Ahora están locos con Rivera Ordóñez cuando lancea con los pies juntos al 'pasa torito'. No saben que torear a la verónica es otra cosa que colocarse justo por donde va a pasar el toro y bajar las manos con el viaje hecho. Para torear a la verónica hay que citarlo bamboleando el capote adelantado y 'traerlo' toreado para adelantar también la pierna en la reunión. Empezar el lance cuando el toro está ya a la altura de la cadera es lo mismo que el medio pase de 'Joselito' y de 'Manolete': Sólo un truco que vale para casi todos los toros. Por eso, cuando en Madrid ha salido el toro bravo pidiendo un torero, no lo ha encontrado casi nunca. Porque con esta técnica del borrego es imposible torear al bravo.

Ya sé que estoy escribiendo contracorriente porque estos indocumentados de la crítica moderna le quieren hacer creer al personal que hoy se torea mejor que nunca. Y como desde hace bastantes años la gente no ve otra cosa, les pasa lo mismo que a los que les encanta la merluza congelada porque nunca han probado la de anzuelo. Si ahora saliera un torero normal haciendo las cosas bien, la gente se volvería loca. Como se volvieron con 'Antoñete' y Manolo Vázquez. Da la casualidad que estos dos señores no fueron figuras en su época. Más claro todavía. Se pasaban temporadas en blanco porque no había sitio para ellos en las grandes ferias. Los dos volvieron de viejos pero trajeron los antiguos aromas del buen toreo y con media docena de pases borraban a las jóvenes figuras de la época. El secreto de su tardío triunfo no puede ser más simple: citaban desde lejos y remataban los pases para poder ligar el siguiente. Ahora a todos los toros le quieren dar espuertas de derechazos, todos seguidos y todos iguales. Y para cortar una oreja necesitan cincuenta pases, escuchan avisos antes de entrar a matar. 'Antoñete', Manolo Vázquez y luego de forma esporádica Curro Vázquez, con veinte pases cortaban las orejas y dejaban recuerdo para toda la temporada. La mejor prueba de lo mal que se torea ahora es que todavía está en activo Curro Romero y le bastan cuatro detalles de arte para cobrar más que ninguno y tener más seguidores que las jóvenes figuras.

Sólo un triunfador

Se me ha ido el santo al cielo, pero la verdad no tiene vuelta de hoja. El gran triunfador de San Isidro ha sido un joven cojonero que no tiene el embrujo, ni el arte ni la elegancia de una figura. Pero va a serlo simplemente con su afán de arrimarse y unas maneras decorosas. La triste conclusión es que en medio del desastre ganadero han salido toros con cualidades para que hubieran salido por la Puerta Grande otros seis como José Tomás. Desgraciadamente, como José Tomás, sin ser nada del otro jueves, no hay más que uno para el relevo y refrescar los monótonos carteles de feria. No hay más cera que la que arde. Y en semejante desierto seguirá 'Pepito' Arroyo engañando a las gentes con serpentinas, faroles, revoleras y navarras, pero sin torear a la verónica que es lo difícil. Y los lameculos de la crítica dirán que el medio pase de tirón es la esencia del toreo. ¡Unos santos!

Y todavía se quejan de que el público de Madrid es duro. ¡Unos santos! Aguantar veintisiete tardes sin ver casi nada y pagando una millonada por las entradas, no ha tenido más que un enfado serio la tarde en que le tiraron almohadillas al provocador de Emilio Muñoz, a 'Finito' y al chisgarabís de 'Pedrito de Portugal', que se fue de rositas estando tan ineficaz como el par de mamarrachos que lo acompañaban, pero no importa. Dentro de unos días en cualquier feria de pueblo el desvergonzado del palabrero Fernández os hablará de la 'pureza' trianera de Emilio Muñoz. Sin fijarse en la cara de loco que pone cuando se le acerca el toro. Si esto que han hecho en la feria de San Isidro lo hacen hace veinte años, veríamos cómo salían de la plaza. Y no digamos si lo llegan a hacer en Bilbao, Logroño o Calahorra. O en Albacete, donde la última vez que estuvo 'El Cordobés' tuvo que ir a desnudarse a las viñas de las afueras porque estaba la gente de uñas esperándolo a la puerta del hotel. Y luego dicen que el público de Madrid es intransigente. La verdad es que están deseando ver algo para dar una oreja. Y se conforman con sacar en hombros a un triunfador. Un simple torero que está empezando y al que ya quiere quitar de las ferias el apoderado de 'Pepito' Arroyo. Porque el chaval viene arrimándose. Y eso molesta a los que viven de tirar las tres cartas.

Luis Miguel y Franco

Sabido es que el difunto general tenía difícil acceso y raras veces bromeaba con extraños. Muy pocos toreros tuvieron ocasión de tratarlo como no fuera en el breve saludo de la corrida de Beneficencia en el palco de honor de Las Ventas. Hubo dos figuras que compartieron varias jornadas de caza. Sobre todo Luis Miguel Dominguín, que entró en 'El Pardo' avalado por su amistad con Carmencita, la marquesa de Villaverde. Y luego supo ganarse la confianza de Franco. A propósito del último artículo sobre la vida de Domingo Dominguín, cuando digo que a Franco le hacía mucha gracia Dominguito a pesar de ser comunista, no han faltado listillos queriendo enmendarme la plana alegando que me equivoqué de hermano: Que el amigo de Franco era Luis Miguel, pero no quería saber nada de Domingo. Para salir al paso de estos listillos voy a contar una anécdota de Franco con Luis Miguel que define la zorrería del gallego y los reflejos del torero. Franco le echaba en cara a Luis Miguel ser un ventajista: - Tiene usted a un hermano comunista por si un día vienen mal dadas para que no lo fusilen por ser amigo mío... - Todo lo contrario, excelencia, si un día volvieran las izquierdas yo sería en seguida amigo de los ganadores para pedir que no metieran en la cárcel a mi hermano Domingo que ya estaría conspirando desde la oposición...

ALFONSO NAVALON.

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